Madre tierra... (7-Abr-2020)
La naturaleza también está al borde del colapso, está muy
enferma y está suplicando por ayuda….
Un microorganismo ha sido capaz de acorralar al mundo y poner
al ser humano frente al espejo de su propia fragilidad. El daño que ha causado es
devastador, pero muchos expertos advierten que esta pandemia no es más que un anticipo
de lo que está por venir. Recordemos eventos recientes como los incendios
forestales que han asolado a países a como Australia o Brasil, la invasión de
langostas en el cuerno de África, el terremoto de Japón, y ahora la pandemia de
la Covid-19, nos muestra la relación entre humanos y los seres de la vida.
El cambio climático, la deforestación, la destrucción de
hábitats, el tráfico de especies, la agricultura intensiva, o la
sobreexplotación de los mares, han alterado gravemente el equilibrio de los
ecosistemas, y está pérdida de biodiversidad tendrá graves consecuencias para
la humanidad.
La biodiversidad es la base que sustenta la vida en el
planeta, y está relacionada con la salud humana, y en ecosistemas más
degradados la cantidad de patógenos aumenta. Científicos relacionan la pérdida
de biodiversidad con el aumento de riesgo de zoonosis.
Destruir la naturaleza o darle la espalda, es una actitud
suicida que nos conduce a un callejón sin salida. Proteger la naturaleza es la
mejor vacuna, que nos evita de futuras pandemias, y habiendo visto lo mal que lo
hemos hecho en esta, lo mejor es prevenir.
En un mundo tan globalizado, cualquier enfermedad infecciosa
tiene el potencial de adquirir una dimensión planetaria en solo unas pocas
semanas.
La mejor inversión a largo plazo son ecosistemas completos,
bien integrados y con muchas especies, la naturaleza tiene efecto de diluir estos
patógenos. Pero cuando alteramos los equilibrios naturales, destruimos la
naturaleza, perseguimos especies y además vamos a capturarlas a los rincones
más recónditos, comerciando y traficando con ellas, se multiplican las
probabilidades de que el contagio se produzca.
La crisis provocada por el nuevo coronavirus ha marcado un
hito en varias décadas, al mismo tiempo que ha servido para resaltar la
inconsistencia de un mundo en apariencia sólido, pero que ha amenazado con
derrumbarse igual que un castillo de naipes ante las primeras embestidas de la
enfermedad.
Toda crisis es un punto de inflexión que nos invita a replantear
el futuro, y el nuevo horizonte renace de las cenizas de la pandemia, no puede
ser ajeno a la relación del ser humano con la naturaleza, con los seres de la
vida.
Fuente: Rtve.es/Noticias, Samuel A. Pilar 2020
Vivencias
La vida ha cambiado, las rutinas se han quebrado, de un
momento para el otro, y sin estar muy preparados, aunque sabemos que es
temporal, muchos extrañan su rutina, su trabajo, sus lugares de ocio,
restaurants, cine, las fiestas, o simplemente la calle.
Somos gregarios por naturaleza, animales sociales; sin el
contacto con otros, nos volvemos irascibles. Las tecnologías ayudan para ver y
hablar con familiares y amigos, pero no es lo mismo, falta el calor humano.
"Cuarentena", suena como una palabra arcaica, de
la época medieval, resulta extraño para nosotros estar viviendo esto,
permanecer encerrados en nuestras casas en pleno siglo XXI, asemeja a una
utopía, y la gente lo toma así, como un absurdo, por eso no faltan los díscolos
de la cuarentena. Afuera se siente una seminormalidad, mientras tanto, afuera como aquí dentro, el mundo
sigue girando aunque a veces no lo parezca. Quizá sea el único consuelo.
Controlar a nuestra sociedad será difícil, a partir de este
momento se vio en las noticias a la policía y al ejército haciendo controles, y
a la gente incumpliendo una y otra vez, saliendo en sus vehículos, llevando
personas, aglomerándose en los mercados, en las calles, en los parques, otros
seguían haciendo fiestas, los vendedores no usaban protección ni guantes, ni mascarilla,
vendiendo en horas prohibidas, y una larga lista de etcéteras.
Era habitual ver a personas caminar despreocupadamente por
las calles y a policías y militares corriendo tras de ellos, pastoreándoles como
ovejas e instándoles a cumplir las normas, tan indisciplinados que somos, a
veces parecemos unos niños de kínder.
Fue entonces cuando me hice la pregunta, ¿por qué somos así?
Acaso no podemos cumplir una simple norma… Somos reacios a la autoridad, unos
indisciplinados, a veces llegamos a ser rebeldes cuando la autoridad se
sobrepasa, pero en este caso, es por nuestro bien, pero la gente no parece
comprender la gravedad del asunto.
Como dijo el presidente del colegio médico de Cochabamba,
Edgar Fernández, «La irresponsabilidad de la gente es preocupante, si seguimos
así, no solo vamos a tener que pensar en hospitales, sino en cementerios».
Le estamos dando ventaja al virus, no deberíamos descuidarnos
como hicieron otros países, porque la capacidad de respuesta no es la misma,
dudo mucho que nuestro sistema de salud pueda resistir la furiosa envestida del
coronavirus.
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